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martes, 12 de julio de 2016

Lectura insólita de El capital


La obra, que obtuvo el premio Nadal en 1976, narra el secuestro de un industrial guipuzcoano por un comando de ETA. La acción se centra en el doble plano de los largos días de cautiverio, que el raptado aprovecha para leer "El Capital", y de las reacciones del mundo exterior ante la noticia del secuestro y la exigencia de un elevado rescate.
El principal acierto del relato es la captación ambiental, el clima de tensión motivado por la conflictividad laboral, el terrorismo, las pretensiones separatistas y los rencores acumulados desde 1939; junto a esto, los trazos psicológicos de los personajes resultan vigorosos. En la forma, la obra adopta una estructura compleja. Existen pasajes dinámicos, concebidos según esquemas tradicionales, muy bien conseguidos, pero el predominio de los monólogos, largos y continuos, lastra la acción, haciéndola demasiado lenta, perdida en prolijas nimiedades y desorientando al lector por el gran número de personajes, algunos muy periféricos respecto al centro de la trama. El estilo está muy cuidado, y utiliza con moderación los giros y términos vascuences. Con una buena base técnica, la obra resulta interesante, aunque por su fidelidad al realismo testimonial se echen en falta en ella los elementos creativos inseparables de toda ficción novelística.
El autor aparece como un narrador imparcial que recoge sin juicios ni comentarios las opiniones de diversos personajes, representantes de distintas formas de pensamiento, moderadas, progresistas, pacíficas, violentas, irónicas, etc.

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